martes, 30 de abril de 2013


El proceso creativo

Marcel Duchamp

Consideremos primero dos factores importantes, los dos polos de toda creación de índole artística; por un lado el artista, por otro el espectador que, con el tiempo, llega a ser la posteridad.
Según toda apariencia, el artista actúa a la manera de un médium que, desde el laberinto, al otro lado del tiempo y del espacio, busca su camino hacia un claro.
Por consiguiente, si concedemos los atributos de un médium al artista, habrá que negarle, entonces, la facultad de ser plenamente consciente, a nivel estético, de lo que hace o de porqué lo hace: todas sus decisiones en la realización artística de la obra se mantienen en los dominios de la intuición y no pueden traducirse mediante un self-análisis, hablado o escrito o incluso pensado.  
T. S Eliot, en su ensayo Tradition and Individual Talent escribe: “el artista será aún más perfecto cuanto más completamente separados estén en el hombre que sufre y la mente que crea; entonces, la mente digerirá y transmutará más perfectamente las pasiones que son su elemento.”
Hay millones de artista que crean, sólo unos miles se ven discutidos o aceptados por el espectador y menos aún acaban consagrados por la posteridad.
En último análisis, el artista puede gritar a todos los vientos que él es genial, pero tendrá que esperara el veredicto del espectador para que sus declaraciones adquieran un valor social y para que finalmente la posteridad le cite en los manuales de historia del arte.
Sé que esta visión no encontrará la aprobación de muchos artistas que rechazan este papel de médium e insisten en la validez de su plena conciencia durante el acto de creación – y, sin embrago, la historia del arte, en diversas ocasiones, ha basado las virtudes de una obra en consideraciones completamente independientes de las explicaciones racionales del artista.-.
Si el artista, en tanto que ser humano lleno de las mejores intenciones hacía sí mismo y hacia el mundo entero, no desempeña ningún papel a la hora de juzgar una obra, ¡Cómo podemos describir el fenómeno que hace que el espectador reaccione ante la obra de arte? En otros términos, ¿cómo se produce esta reacción?
Este fenómeno puede compararse a una “transferencia” del artista al espectador bajo la forma de una ósmosis que tiene lugar a través de la materia inerte: color, plano, mármol, etcétera.
Pero antes de ir más lejos, querría poner en claro nuestra interpretación de la palabra “Arte” sin, por supuesto, pretender definirla.
Quiero decir, simplemente, que el arte puede ser bueno, malo o indiferente, pero que, sea cual sea el epíteto empleado, tenemos que llamarle arte: un arte malo es, aun así, arte de igual manera que una mala emoción sigue siendo una emoción.
Por tanto, cuando más adelante hablo de “coeficiente artístico”, se da por supuesto que no sólo empleo ese término en relación con el gran arte, sino que además procuro describir el mecanismo subjetivo que produce una obra de arte en su estado bruto, mala, buena o indiferente.
Durante el acto de creación, el artista va de la intención a la realización, pasando por una cadena de reacciones totalmente subjetivas. La lucha hacia la realización es una serie de esfuerzos, de dolores, de satisfacciones, de rechazos, de decisiones que no pueden ni deben ser plenamente conscientes, al menos a nivel estético.
El resultado de esta lucha es una diferencia entre la intención y su realización, diferencia de a que el artista no es nada consciente.
El resultado de esta lucha es una diferencia entre la intención y su realización, diferencia de la que el artista no es nada consciente.
De hecho, falta un eslabón en la cadena de las reacciones que acompañan al acto creador; este corte que representa la imposibilidad para el artista de expresar completamente su intención, esta diferencia entre lo que había proyectado realizar y lo que ha realizado, es el “coeficiente artístico” personal contenido en la obra.
En otros términos, el “coeficiente artístico” personal es como una reacción aritmética entre “lo que está inexpresado pero estaba proyectado” y “lo que está expresado intencionalmente”.
En otros términos, el “coeficiente artístico” personal es como una relación aritmética entre “lo que está inexpresado pero estaba proyectado” y “lo que está expresado intencionalmente”.
Para evitar cualquier malentendido debemos repetir que este “coeficiente artístico” es una expresión personal “de arte en estado bruto” que ha de acabar “refinado” por el espectador, igual que la maleza y el azúcar puro. El índice de este coeficiente no tiene ninguna influencia sobre el veredicto del espectador.
El proceso creativo adquiere un aspecto muy distinto cuando el espectador se halla en presencia del fenómeno de la transmutación; con el cambio de la materia inerte en obra de arte, tiene lugar una verdadera transubstanciación y el papel importante del espectador consiste en determinar el peso de la obra sobre la báscula estética.
En resumen, el artista no es el único que consuma el acto creador pues el espectador establece el contacto de la obra con el mundo exterior descifrando e interpretando sus profundas calificaciones para añadir entonces su propia contribución al proceso creativo. Esta contribución resulta aún evidente cuando la posteridad pronuncia su veredicto definitivo y rehabilita a artistas.

Nombres – Revista de Filosofía 
Año VI Nº 7- Córdoba - Abril de 1996



El mundo percibido y el mundo de la ciencia
Maurice Merleau-Ponty

El mundo de la percepción, es decir, aquel que nos revelan nuestros sentidos y la vida que hacemos, a primera vista parece el que mejor conocemos, ya que no se necesitan instrumentos ni cálculos para acceder a él, y, en apariencia, nos basta con abrir los ojos y dejarnos vivir para penetrarlo. Sin embargo, esto no es más que una falsa apariencia. En estas conversaciones me gustaría mostrar que una gran medida es ignorado por nosotros, mientras permanecemos en la actitud práctica o utilitaria; que hizo falta mucho tiempo, esfuerzos y cultura para ponerlo al desnudo, y que uno de los méritos el arte y el pensamiento modernos (con esto entiendo el arte y el pensamiento desde hace cincuenta o setenta años) es hacernos redescubrir este mundo donde vivimos pero que siempre estamos tentados de olvidar.
Esto es particularmente cierto en Francia. Uno de los rasgos, no sólo de las filosofías francesas, sino también de lo que un poco vagamente se llama espíritu francés, es reconocer a la ciencia y los conocimientos científicos un valor tal que toda nuestra experiencia vivida del mundo resulta de un solo golpe desvalorizada. Si quiero saber qué cosa es la luz, ¿no debo dirigirme al físico? ¿No es él quien me dirá si la luz, como se lo pensó durante un tiempo, es un bombardeo de proyectiles incandescentes o, como también se lo creyó, una vibración del éter o, por último, como lo admite una teoría más reciente, un fenómeno ¿De qué serviría consultar aquí nuestros sentidos, demorarnos en lo que nuestra percepción nos enseña de los colores, los reflejos y las cosas que lo soportan, ya que, manifiestamente, éstas no son sino apariencias, y tan sólo el saber metódico del sabio, sus mediadas, sus experiencias pueden hacernos salir de las ilusiones donde viven nuestros sentidos y hacernos acceder a la verdadera naturaleza de las cosas? ¿No consistió, el progreso del saber, en olvidar lo que nos dicen los sentidos ingenuamente consultados y que no tiene lugar en un cuadro verdadero del mundo, sino como una particularidad de nuestra organización humana, de la que la ciencia fisiológica dará cuenta un día, como ya explica las ilusiones del miope o del présbite? El mundo verdadero no son esas luces, esos colores, ese espectáculo de carne que me dan mis ojos; son las ondas y los corpúsculos de los que me habla la ciencia y que encuentra tras esas fantasías sensibles.
Descartes llegó a decir que únicamente a través del examen de las cosas sensibles, y sin recurrir a los resultados de las investigaciones eruditas, yo puedo descubrir la impostura de mis sentidos y aprender a no confiar sino en la inteligencia. Digo que veo un trozo de cera. Pero ¿qué es exactamente esta cera? Con seguridad, no es ni el color blancuzco, ni el olor floral que acaso todavía conservó, ni esa blancura que siente mi dedo, ni ese ruido opaco que hace la cera cuando la dejo caer. Nada de todo eso es constitutivo de la cera, porque puede perder todas esas cualidades sin dejar de existir, por ejemplo si la hago fundir se transforma en un líquido incoloro, sin un olor apreciable y que ya no resiste a la presión de mi dedo. Sin embargo, digo que la misma cera sigue estando ahí,  Entonces, ¿cómo hay que entenderlo? Lo que permanece, a pesar del cambio de estado, no es más que un fragmento de materia sin cualidades, y en su punto límite cierto poder de ocupar el espacio, de recibir diferentes formas, sin que el espacio ocupado ni la forma recibida sean en modo determinados. Ése es el núcleo real y permanente de la cera. Sin embargo, es manifiesto que esa realidad de la cera no se revela solamente a los sentidos, porque ellos siempre me ofrecen objetos de un tamaño y una forma determinados. En consecuencia, la verdadera cera no se ve con los ojos. Sólo es posible concebirla con la inteligencia. Cuando yo creo ver la cera con mis ojos, lo único que hago es pensar, a través de las cualidades que caen por su propio peso, en la cera desnuda y sin cualidades que su fuente común. Para Descartes, por lo tanto – y durante mucho tiempo esta idea fue omnipotente en la tradición filosófica en Francia-, la percepción no es más que un comienzo de ciencia todavía confusa. La relación de la percepción con la ciencia es la de la apariencia con la realidad. Nuestra dignidad es remitirnos a la inteligencia, que es la única que nos descubrirá la verdad del mundo.
Hace un rato, cuando dije que el pensamiento y el arte moderno rehabilitan la percepción y el mundo percibido, naturalmente no quise decir que negaban el valor de la ciencia, ya sea como instrumento del desarrollo técnico o como escuela de exactitud y veracidad. La ciencia fue y sigue siendo el campo donde debe aprenderse lo que es una verificación, lo que es una investigación escrupulosa, lo que es la crítica de uno mismo y de sus propios prejuicios. Bueno era que esperara todo de ella en un tiempo donde aún no existía. Peor la cuestión que el pensamiento moderno plantea a su respecto no esta destinada a impugnarle la existencia o a cerrarle ningún campo. Se trata de saber si la ciencia ofrece u ofrecerá una representación del mundo que sea completa, que se baste, que de algún modo se cierre sobre sí misma de tal manera que tengamos ya que plantearnos ninguna cuestión válida más allá. No se trata de negar o limitar la ciencia, se trata de saber si ella tiene el derecho de negar o excluir como ilusorias todas las búsquedas que no proceden, como ella, por medidas, comparaciones y que no concluyen con leyes tales como las de la física clásica, encadenado tales consecuencias a tales condiciones. No sólo esta cuestión no señala ninguna hostilidad al respecto de la ciencia, sino que incluso es la propia ciencia la que, en sus desarrollos más recientes, nos obliga a plantearla y nos invita a responderla negativamente.
Porque, desde fines del siglo XIX, los sabios se acostumbraron a considerara sus leyes y teorías no ya como la imagen exacta de lo que ocurre en las Naturaleza, sino como esquemas siempre más simples que el acontecimiento natural, destinados a ser corregidos por una investigación más precisa, en una palabra, como conocimientos aproximados. Los hechos que nos propone la experiencia están sometidos por la ciencia a un análisis que no podemos esperar que alguna vez se concluya, puesto que no hay límites a la observación y por que siempre es posible imaginarla más completa o exacta de lo que es un momento determinado.
Lo concreto, lo sensible asignan a la ciencia la tarea de una elucidación interminable, y de esto resulta que no es posible considerarlo, a la manera clásica, como una simple apariencia destinada a que la inteligencia científica la supere. El hecho percibido y, de una manera general los acontecimientos de la historia del mundo no puede ser deducidos de cierta cantidad de leyes que compondrían la cara permanente del universo; a la inversa, es la ley precisamente una expresión aproximada del acontecimiento físico y deja de subsistir su opacidad. El sabio de hoy no tiene ya, como del período clásico, la ilusión de acceder al corazón de las cosas, al objeto miso. En este punto, la física de la relatividad confirma que la objetividad absoluta y última es un sueño, mostrándonos cada observación estrictamente ligada a la posición del observador, inseparable de su situación, y rechazando la idea de un observador absoluto. En la ciencia, no podemos jactarnos de llegar mediante el ejercicio de una inteligencia pura y no situada a un objeto puro de toda huella humana y tal como Dios lo vería. Lo cual nada quita a la necesidad de la investigación científica y sólo combate el dogmatismo de una ciencia que se consideraría el saber absoluto y total. Simplemente, esto hace justicia a todos los elementos de la experiencia humana, y en particular a nuestra percepción sensible.
Mientras que la ciencia y la filosofía de las ciencias abrían así la puerta a una exploración del mundo percibido, la pintura, la poesía y la filosofía entraban resueltamente en el dominio que les era así reconocido y nos daban de las cosas, del espacio, de los animales y hasta del hombre visto desde afuera, tal y como aparece en el campo de nuestra percepción, una visión muy nueva y muy característica de nuestro tiempo. En nuestras próximas conversaciones nos gustaría describir algunas de las adquisiciones de esta búsqueda.

El Mundo de la Percepción – Siete Conferencias
Fondo de Cultura Económica  - México – 2006


















Con el ojo también se juega
Por Hugo Petruschansky

A partir del simple molinillo de café de 1911, se sucederá una gran cantidad de obras con imágenes de máquinas, gráficos con utópicos instrumentos de movimiento y dispositivos mecánicos que irán conformando un corpus de obra, del mismo modo que Rueda de bicicleta, de 1913, inicia la curiosa atracción por la imagen del círculo que gira sobre su propio eje.
Las notas recopiladas À l’infinit (caja blanca), revelan un temprano interés por la geometría y las matemáticas (había leído Henri Poincaré, Pascal Jouffret y G. B. F. Reimann), y por los estudios renacentistas de perspectiva que tiene ocasión de estudiar a fondo mientras trabaja en la biblioteca en París. De esa época también datan sus investigaciones en torno de la visión, y de la tercera y cuarta dimensión, aunque ese interés no le impide tomarse la ciencia en broma: “debemos aceptar las llamadas leyes de la ciencia porque nos hacen la vida más cómoda, pero eso no presupone nada por lo que se refiere a su validez. Puede que todo esto no sea más que una ilusión. (…) la palabra “ley2 va en contra de mis principios. (…) y como no entiendo por qué hay que reverenciar tanto a la ciencia, tuve que buscar otra especie de seudoexplicación”. Esa intención de desacralizar aparece claramente en el gesto liberador de 3 stoppages étalon (1913-19149 que dan “una nueva figura de la longitud”. De esta manera, Duchamp cuestiona la unidad de longitud establecida –el metro patrón de platino-, declarando que los “3 stoppages éstalon son el metro disminuido”. Mientas establece que el azar es “su” ley, crea  “una duda patafísica sobre el concepto según el cual la recta es el camino más corto entre dos puntos”. En el Gran Vidrio, en cambio Duchamp trabaja con diferentes sistemas de perspectiva, alternando el concepto tradicional de representación espacial.
La tracción de Duchamp por el movimiento lo lleva a incursionar en la realización cinematográfica. Con una cámara de cine portátil comprada por Katherine Dreier, realiza su primer experiencia acompañado por Man Ray, quien consigue una segunda cámara para rodar simultáneamente y así obtener una película en tres dimensiones. El argumento era la baronesa Von Freytag Loringhoven afeitándose el vello púbico. La experiencia estuvo a punto de fracasar debido a inconvenientes en el revelado, del que sólo se salvaron dos pequeños fragmentos de película que al proyectarse daban el efecto estereoscópico esperado. Estas experiencias estereoscópicas surgen de su interés por el pasaje de la visión plana, dad por un solo punto de vista, a la visión binocular y la consecuente sensación de relieve, de espacio, que además se relaciona con la cuestión de la proyección espacial. En esta búsqueda del relieve, que se efectúa sin abandonar la superficie, Duchamp produce una suerte de objetos fractales. Años antes, durante su estadía en Buenos Aires, Había incursionado en los efectos estereoscópicos con su obra Stéréocopie à la main (Estereoscopia a la mano). Su primer experimento óptico consiste en dos fotos que reproducen un paisaje marino sobre las que dibuja formas geométricas, de modo tal que la imagen vista a través del estereoscopio da por resultado la ilusión de una pirámide flotante sobre el agua. Su estudio sobre vidrio de 1918 Para mirar… incluye asimismo figuras que aluden a su preocupación por los fenómenos ópticos, como la ya mencionada lupa pegada a la superficie o la pirámide, que ocupa la parte superior, o la intervención de un juego de líneas de colores que provocan la sensación óptica de un objeto tridimensional.
Con la colaboración  de Man Ray – quien registra fotográficamente la experiencia -, en 1920 Duchamp construye su primera máquina óptica: Rotative Glass Plaques (Precision Optics), una pequeña construcción que constaba de cinco placas rectangulares de vidrio de diferentes medidas pintadas con una serie de líneas negras curvas regulares en sus extremos, conectadas por un eje central entre sí y a un motor que las hacía girar. Esto permitiría al espectador, ubicado a una distancia de un metro, ver las líneas pintadas en los discos como una serie de círculos concéntricos.
Hacia fines de 1925, en París nuevamente y junto a Man Ray, realiza Anémic Cinema, una animación de nueve calambures de Rrose Sélavy. “En vez de fabricar una máquina que gira como lo había hecho en Nueva York, me dije, por qué no hacer un film. Eso sería más fácil. La cosa no me interesó por hacer cine como tal, se trataba de un modo más práctico para llegar a resultados ópticos”. El film de siete minutos, estrenado en una sala privada de París y rodado en el estudio de Man Ray con la operación técnica de Marc Allégret, fue netamente óptico y experimental. Las frases, escritas en letras blancas, estaban dispuestas sobre discos negros de cartón de 30 cm de diámetro, formando una espiral que, al girar lentamente, se alternaba con imágenes de sus diez dibujos abstractos, provocando una cadenciosa sensación de avance y retroceso. Duchamp diría: “Cuando la gente dice que hice películas, yo respondo que no, que era un método conveniente de logra lo que quería. Por otro lado, las películas eran divertidas. El trabajo se hacía milímetro a milímetro (…); filmamos imagen. Nos llevó dos semanas (…)”.
En 1925, a instancias de Jaques Doucet, quien hizo cargo de los costos, y ayudado por un ingeniero, Duchamp realiza la máquina óptica: Rotative demi-sphere (Optique de précision) (Semiesfera rotativa [Óptica de precisión]). Una semiesfera de madera blanca con círculos concéntricos negros pintados, y montada sobre un disco de terciopelo negro que, al girar por la acción de un pequeño motor, generaba la sensación de que los círculos avanzaban y retrocedían, creando una hipnótica ilusión de espacio y profundidad. Grabado en el borde del disco puede leerse. “Rrose Sélavy et moi esquivons les ecchymoses des esquimax aux mots esquís”.
Durante 1935 produce su Rotoreliefs (Rotorrelieves) en una edición de 500 ejemplares que presenta por primera vez en el Salón Anual de Inventores de París, sn el éxito comercial que esperaba. Estos discos, con dibujos de círculos descentrados y elipses, son cartones impresos en ambos lados pensados para ser colocados en cualquier tocadiscos e inspirados en las imágenes espiraladas de su Anémic Cinéma. Giraban sobre un eje de modo tal que el observador pudiera apreciar los efectos de la ilusión del volumen y profundidad producidos por las formas en movimiento. Los Rotorrelieves aparecen en la secuencia que corresponde a Duchamp del film de Hans Richter Dreams That Money Can Buy y en el film de Jean Cocteau, The Blood of a Poet, de 1930. En una carta Katherine Dreier –a quien trataba de involucrar en el proyecto para promocionar en Nueva York-, Duchamp le comenta que unos científicos parisinos opinaban que ese juguete óptico podría ser utilizado en ciertos tipos de terapia.
Con renovado interés por los juegos ópticos, unos meses más tarde diseña para la tapa de los dos primeros números de la revista Cahier d’Art del año 1936 un collage de corazones alternando azules y rojos, al que titula Coeurs volants (Corazones coladores), aludiendo a la ilusión óptica conocida en Francia con ese nombre. La yuxtaposición de colores muy contrastantes hace que la imagen parezca desprenderse del fondo. En esa misma publicación, se incluía un importante artículo sobre sus trabajos ópticos escritos por Gabrielle Buffet Picabia.

Marcel Duchamp: Vida y Obra (fragmento)
Catálogo de la exposición Una obra que no es una obra “de arte”
Fundación Proa – Buenos Aires (2008)




































A propósito de los “ready-mades”

Marcel Duchamp

En 1913 tuve la feliz idea de fijar una rueda de bicicleta sobre un taburete de cocina y mirar cómo giraba.
Unos meses más tarde compré una reproducción barata de un paisaje de atardecer invernal, que llamé “Farmacia” tras haberle añadido dos breves toques, uno rojo y el otro amarillo, al horizonte.
En Nueva York, en 1915, compré en una quincallería una pala de nieve sobre la que escribí: “En previsión de brazo roto” (In adavence of the briken arm).
Fue por esa época cuando se me ocurrió la palabra “ready-made” para designar esta forma de manifestación.
Hay un punto que quiero establecer muy claramente y es que la elección de estos ready-mades nunca me vino dictada por ningún deleite estético. Esta elección se basaba en una reacción de indiferencia visual, adecuada simultáneamente a una ausencia total de buen o mal gusto… de hecho una anestesia completa.
Una característica importante: la breve frase que en cada ocasión inscribía en el ready – mades.
Esta frase, en lugar de describir el objeto como lo hubiese hecho un título, estaba destinada a transportar la mente del espectador hacia otras regiones más verbales. A veces añadía un detalle gráfico de presentación: llamaba a eso para satisfacer mi tendencia a las aliteraciones, “ready-made ayudado” (“ready – made arded”).
Otra vez, queriendo subrayar la antinomia fundamental que existe entre el arte y los ready-mades, imaginé un “ready-made recíproco”: ¡utilizar un Rembrandt como tabla de planchar!
No tardé en darme cuenta del peligro que podía haber en usar sin discriminación esta forma de expresión y decidí limitar la producción de los ready-mades a una pequeña cantidad cada año. Comprendí por esa época que, para un espectador más aún para el artista, el arte es una droga de hábito y quise proteger mis ready-mades contra una contaminación de tal género.  
Otro aspecto del ready-mades es que no tiene nada de único… la réplica de un ready- mades transmite mensaje; de hecho casi todos los ready-mades que hoy existen no son originales en el sentido usual del término.
Una última observación para concluir este discurso de egomaníaco: del mismo modo que los tubos de pintura empleados por el artista son productos manufacturados y ya hechos, debemos concluir que todas las telas del mundo son ready-mades ayudados y trabajos de acoplamiento.

Nombres – Revista de Filosofía 
Año VI Nº 7- Córdoba - Abril de 1996


martes, 23 de abril de 2013



"Los mortales habitan en la medida en que reciben el cielo como cielo. Dejan al sol y
a la luna seguir su viaje; a las estrellas su ruta; a las estaciones del año, su bendición y su
injuria; no hacen de la noche día ni del día una carrera sin reposo."

Martin Heidegger
Fragmento de "Construir, Habitar, Pensar"

http://ured.manizales.unal.edu.co/modules/uncontextos/admin/archivos/4050072/habitarpensar.pdf

Poema de la Naturaleza de Parménides



Poema de la naturaleza
(Fragmento)


1. Sólo un relato de una vía
2. queda aún: que es. En ella hay muchísimos signos:
3. que siendo ingénito es también imperecedero,
4. total, único inconmovible y completo.
5. No fue jamás ni será, pues ahora es todo junto,
6. Uno, continuo. Pues, ¿Qué génesis le podrías buscar?
7. ¿Cómo y de dónde ha crecido? No te permitiré
8. decir ni pensar: “de lo que no es”, pues no es decible
pensable
9. que no es. ¿Qué necesidad lo habría impulsado
10. a nacer, después más bien que antes, a partir de lo que
no es nada?
11. De este modo, es necesario que sea del todo o que no
sea.
12. Tampoco de lo que no es permitirá jamás la fuerza
la convicción
13. que se genere algo a su lado, en vista de lo cual
generarse
14. ni perecer le consiente la justicia aflojando las cadenas,
15. sino que lo mantiene sujeto. La decisión respecto
estas cosas reside en esto:
16. es o no es. Pero se ha decidido ya, como es necesario,
17. abandonar una impensable e innombrable (pues no es
18. una vía verdadera) y tomar la otra que es y es veraz.

19. ¿Cómo podría ser después lo que es? ¿Cómo podría
generarse?
20. Porque si se generó, no es, ni si ha de ser alguna vez.
21. De este modo, la génesis se apaga y el perecer se
extingue.
22. Ni es divisible, pues es todo homogéneo.
23. Ni hay más aquí, lo que le impediría ser continuo,
24. ni hay menos, sino que todo está lleno de lo que es.
25. Por ende, es todo continuo, pues lo que es está en
contacto con lo que es.
26. Además, inamovible dentro de los límites de grandes
ataduras,
27. no tiene comienzo ni término, puesto que la génesis y
el perecer
28. han sido apartados muy lejos: los rechazó la convicción
verdadera.
29. Permaneciendo idéntico y en el mismo (sitio), yace por
sí mismo,
30. y así permanece estable allí mismo, porque la poderosa
Necesidad
31. lo mantiene sujeto dentro de las ataduras del límite que
lo cerca,
32. puesto que no es lícito que lo que es, sea incompleto.
33. Pues es no-indigente; si no fuese así, carecería de todo.
34. Lo mismo es pensar y el pensamiento de que es.
35. Porque sin lo que es, cuando ha sido expresado
36. no hallarás el pensar; pues ninguna otra cosa es ni será
37. aparte de lo que es, ya que el Destino lo ató
38. para que sea un todo e inmóvil. Por ello es (mero)
nombre

39. todo aquello que los mortales han establecido
convencidos de que es verdadero:
40. generarse y perecer, ser y no ser,
41. cambiar de lugar y mudar de color resplandeciente.
42. Además, puesto que hay un límite extremo, está
completo
43. desde toda dirección, semejante a la masa de una esfera
bien redonda,
44. igualmente equilibrada desde el centro en toda
dirección; pues no es correcto
45. que sea algo más grande ni algo más débil aquí o allá.
46. Pues no existe algo que no sea que le impediría llegar
47. a su semejante, ni existe algo que sea de modo que
48. de lo que es, haya aquí más y allá menos, porque es del
todo inviolable.
49. Por ende, siendo igual desde toda dirección, alcanza
uniformemente sus límites.
50. Con esto concluyo para ti el confiable razonamiento y
el pensamiento
51. acerca de la verdad; a partir de aquí aprende las
mortales opiniones
52. escuchando el orden engañador de mis versos.
53. En efecto, establecieron dos formas en sus mentes para
nombrar (las),
54. de las cuales una no es correcto nombrar -en esto se
han extraviado-
55. y dividieron su cuerpo en sentido contrario y les
asignaron signos
56. separados los unos de los otros: a una el fuego etéreo
de la llama

57. que es sutil, sumamente leve, del todo idéntico a sí
mismo,
58. pero diferente de lo otro; pero también esto en sí
mismo
59. es por el contrario noche ignorante, de cuerpo denso y
pesado.
60. Todo el ordenamiento verosímil te lo declaro yo a ti
61. de modo que jamás te aventaje mortal alguno con su
parecer.





http://historiantigua.cl/wp-content/uploads/2011/08/parmenides-poemadelanaturaleza.pdf

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral de Friedrich Nietzsche


http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/verdadymentira.pdf







Acerca de la Naturaleza - Empédocles


Acerca de la Naturaleza

1 (2)    Y es que angostas son las mañas que por los miembros se extienden
y muchas las vilezas que embotan las meditaciones.
Tras haber observado en el curso de sus vidas una parte miserable,
efímeros como el mundo se echan a volar, arrebatados,
5 convencidos tan sólo de aquello que cada uno se encontró
en su vagar de un lado a otro, aun cuando cada uno se jacta de haberlo decubierto todo.
¡A tal extremo no son cosas observables ni audibles por los hombres
ni abarcables por su inteligencia! Así que tú, ya que hasta aquí te has acercado,
sabrás, pero no más de lo que el mortal entender puede alcanzar.

2 (3)    Alejad, pues, dioses, de mi lengua el extravío de esa gente
y encauzad por mi boca piadosa un límpido hontanar.
Y a ti, virgen de la memoria fértil, Musa de albos brazos,
te suplico; lo que es lícito que oigan los seres de un día,
envíamelo, conduciendo desde las moradas de la Piedad el carro dócil a la rienda.

3(131)  Así pues, si a instancias de alguno de los seres de un día, Musa inmortal,
tuviste a bien que nuestros desvelos hollaran tu interés,
asiste ahora, Calíope, a este suplicante,
en su intento de exponer un relato cabal sobre los dioses.

4(1)     Oyeme tú, Pausanias, hijo del sabio Anquito,

5(3)     Y al menos no te forzará a alzarte con las flores del reputado honor
que los mortales dan, a costa de hablar más de lo apropiado
con temeridad, para asentarte así en las cumbres del saber.
Ea pues, atiende con cada maña de qué modo es manifiesta cada cosa,
5 sin tener por más fiable un sonido que una visión
ni un sonido por mejor que las penetraciones de la lengua.
De ninguno de los demás miembros por los que se abre un paso para entender
debes apartar tu confianza, sino comprender el modo en que es manifiesta cada cosa.

6(4)     En los miserables es costumbre no dar crédito a la autoridad.
Tú en cambio, tal como te exhortan las garantías de la Musa,
aprende, tras haber desmenuzado en tu fuero interno mi argumentación.

7(6)     Las cuatro raíces de las cosas todas escucha primero cuáles son:
Zeus resplandeciente, Hera dispensadora de la vida, así como Aidoneo
y Nestis, que con sus lágrimas empapa el mortal hontanar.

8(7)     Doble es la historia que voy a contarte. Pues una vez creció para ser uno,
de múltiple que era; otra, por el contrario, de uno que era se disoció para ser múltiple.
Doble es el nacimiento de los seres mortales, doble su destrucción;
pues el primero lo genera y lo destruye la concurrencia de las cosas todas
5 y el otro, al disociarse éstas de nuevo, echa a volar, una vez criado.
Y estas transformaciones incesantes jamás llegan a su fin,
unas veces por Amistad concurriendo en uno todos ellos;
otras, por el contrario, separados cada uno por un lado por la inquina del Odio.
De esta forma, en la medida en que lo uno está habituado a nacer de lo múltiple
10  y en la medida en que a su vez, al disociarse lo uno, lo múltiple resulta,
en ese sentido nacen y no es perdurable su existencia.
Mas en la medida en que esos cambios incesantes jamás llegan a su fin,
en ese sentido son por siempre inmutables en su ciclo.
Así que escucha mi relato, pues el aprendizaje acrecienta el entender.
15 Como ya dije antes, al declarar los lindes del relato,
doble es la historia que voy a contarte. Pues unas veces creció para ser uno,
de múltiple que era, otra, por el contrario, de uno que era se disoció para ser múltiple:
fuego, agua, tierra y la enorme altura del aire
y, a parte de ellos, Odio pernicioso, por doquier igualado,
20 mas entre ellos la Amistad, igual en extensión y en anchura que él.
Obsérvalo con tu entender; que el asombro no se asiente en tu mirada.
Esta también se considera innata en los miembros mortales,
con ella se conciben amistosos pensamientos y realizan acciones concordes
y le dan el sobrenombre de Alegría o Afrodita.
25 En su ir y venir entre los otros, jamás la vio
mortal alguno, pero tú atiende al curso no engañoso de mi argumentación.
Todos ellos son iguales y tienen la misma edad,
mas cada uno ostenta un rango diferente; diverso es el carácter de cada uno.
Por cursos prevalecen en el curso del tiempo
30  y fuera de ellos nada nace luego ni perece,
ya que, si no cesaran de destruirse, ya no serían,
mientras que al todo ¿qué podría aumentarlo? ¿y de dónde vendría?
¿Y cómo podrían perecer, si nada hay vacío entre ellos?
Pues sólo ellos son reales, mas en su mutuo recorrerse
35 se tornan una cosa cada vez, sin dejar de ser ellos mismos.

9 (12) Pues de lo que no es, es imposible que algo nazca,
y que lo que es perezca, irrealizable e inaudito,
ya que siempre se hallará, allí donde uno quiera apoyarse.

10 (13) Nada del universo está vacío, ni lleno en demasía.

11 (16) Como eran antes, en efecto siguen siendo y seguirán; y nunca, creo,
de ninguno de los dos ha de vaciarse el tiempo inagotable.

12 (8)   Y otra cosa te diré: no hay nacimiento en absoluto de ninguno
de los seres mortales, ni tampoco consumación de la funesta muerte,
sino tan sólo mezcla y disociación de lo mezclado
es lo que hay, y “nacimiento” es un nombre que los hombres le dan.

13 (9)    Y cuando éstos, una vez mezclados en aspecto humano vienen a dar al éter
-o en el aspecto de las fieras montaraces o en el de los arbustos
o acaso en el de los pájaros- entonces afirman que es “nacer”,
mas cuando se separan, que es “muerte malhadada”.
De este modo es norma que los llamen. Y a la costumbre me acomodo también yo.

14 (21)   Vamos pues, observa como prueba de las charlas del principio lo siguiente
-por si en lo que precede le faltó a la forma algo de madera-;
el sol, a la vista luminoso y ardiente por doquier,
y cuantos cuerpos inmortales se bañan en calor y luz radiante;
así mismo la lluvia, en todas partes lóbrega y helada,
mientras que de la tierra despunta lo arraigado y sólido.
En el Odio cada cosa es diferente y va por separado,
en cambio en la Amistad caminan juntos y son mutuamente deseados.
De ellos todo cuanto fue y cuanto es y ha de ser luego
nació: árboles, varones y mujeres,
fieras, pájaros y peces de acuática crianza,
y dioses sempiternos, excelsos por las honras que reciben.
Ellos son los únicos reales, pero en su mutuo recorrerse
se tornan en cambiantes formas, pues la mezcla los hace variar.

15 (23)   Como cuando colorean tablas votivas los pintores,
hombres muy versados en su oficio por su inteligencia,
y cuando toman en sus manos tinturas de múltiples colores
y, tras mezclarlas en justa proporción -más de la una, menos de la otra-,
obtienen de ellas formas semejantes a las cosas todas,
configurando árboles, varones y mujeres,
fieras, pájaros y peces de acuática crianza,
y dioses sempiternos, excelsos por las honras que reciben,
de igual modo, que no triunfe sobre tu mente la mentira que hay en otra parte
10 un venero de los seres mortales que, innúmeros, se manifiestan.
Tenlo con toda claridad presente, pues de origen divino es el relato que has oído.

16 (26)   Por turnos prevalecen en el curso del ciclo,
se amenguan mutuamente y se acrecientan por turno prefijado,
pues sólo ellos son reales, mas en su mutuo recorrerse
se tornan hombres y especies de otros animales.
 Unas veces por Amistad concurriendo en un solo orden del mundo.
otras por el contrario separados cada uno por su lado por la inquina del Odio,
hasta que, en uno combinados, acabe por surgir en lo profundo del todo.
De esta forma, en la medida en que lo uno está habituado a nacer de lo múltiple
y en la medida en que, a su vez, al, disociarse lo uno, lo múltiple resulta,
10 en ese sentido nacen y no es perdurable su existencia.
Mas en la medida en que estos cambios incesantes jamás llegan a su fin,
en ese sentido son por siempre inmutables en su ciclo.

17 (15)    Y es que, incluso por dos veces, es bueno decir lo que es preciso.

18 (24)     ...haciendo que un punto capital con otro enlace,
para que en mi discurso no se agote un punto tan solo.

19 (27)     Allí ni del sol se discierne la espléndida figura
ni el vigor velludo de la tierra, ni la mar.

20 (29-28) Pues no se agitan dos ramas desde un tronco,
ni pies, ni ágiles rodillas, ni órganos reproductores,
sino igual por todas partes a sí mismo y por doquier ilimitado,
es un solo esfero, ufano por la inmovilidad que lo circunda.

23 (30)  Mas cuando crece Odio, grande, en sus miembros,
y se levanta hacia las honras, al cumplírsele el tiempo
que les fuera por turnos asignado por prolijo pacto...

24 (31)  pues todos los miembros del dios, uno por uno, se veían estremecidos.

25 (22)  Y es que avenidos se hallan todos ellos
-el radiante, la tierra, cielo y mar-
con las partes que de ellos separadas se configuraron en mortales.
De igual modo, cuantos mejor dotados están para la mezcla
se aman mutuamente, pues Afrodita los hace semejantes.
Los más hostiles son los que más difieren uno del otro,
en raza, en mezcla y en la forma en que se hallan modelados,
de modo que por doquier se hacen extraños entre sí, muy apenados
de ser criaturas de la inquina, pues fueron generados por el Odio.

26 (20)  Ello se hace manifiesto en el volumen de los mortales miembros;
pues a veces por amistad se aúnan todos
los miembros que conforman algún cuerpo, en la cima de la vida floreciente,
otras, por el contrario, desgarrados por malévolas Discordias,
vagan errantes, cada uno por su lado, por la rompiente de la vida.
Y de igual modo ocurre con las plantas y los peces de acuáticas moradas,
las fieras que del monte hacen su cama y las aves de alado movimiento.

27 (38)  Vamos, pues, primero, te diré (...)
de los que se hicieron evidentes cuántas cosas ahora vemos:
la tierra, el encrespado ponto, a más de l aire húmedo,
así como el Titán del éter, que todo lo abarca con su cerco.

28 (51)   con ligereza por la chimenea (sale el humo).

29 (53)    (el aire) en su curso, unas veces se dio el caso de encontrarse de este modo, muchas de                                                                                                                                                              [otro.
30 (54)    (el éter) con grandes raíces en la tierra se sumía.

31 (37)     su propio cuerpo hace crecer la tierra, y el éter, éter.

32 (52)      Múltiples fuegos arden bajo el suelo.

33 (39)      Si infinitos fueran en verdad las profundidades de la tierra y éter el anchuroso
como en la lengua de muchos circula falsamente,
proferido por las bocas de aquellos que del todo ven bien poca cosa.

34 (40)       el penetrante sol y la luna benigna

35 (41)       pero él, una vez concentrado, gira en torno del enorme cielo.

36 (44)       Se refleja en el Olimpo con intrépido semblante.

37 (47)         Contempla frente a ella el sacro orbe de su soberano.

38 (43)         Como el rayo, tras haber incidido sobre el ancho orbe lunar.

39 (45)          redonda, gira en torno de la tierra, luz ajena.

40 (46)          Como la rodada de un carruaje, gira ella en torno del extremo.

41 (42)           ...disipó sus rayos
sobre ella desde arriba y ensombreció una parte de la tierra
tan grande como el ancho de la ojizarca luna.

42 (48)           y es la tierra la que trae la noche al situarse bajo los resplandores.

43 (49)          de la noche desolada y si vista

44 (50)           Iris trae de la mar un viento o un enorme aguacero.

45 (56)          La sal cristalizó, impulsada por los embates del sol.

46 (56)          sudor de la tierra, el mar

47 (35)          Mas yo voy a tomar de regreso por la senda de los cantos
que recité al principio, tras sacar una razón del canal de otra razón,
y es ésta: cuando Odio llega a lo más hondo del abismo
del torbellino, y Amistad alcance el vórtice en su centro,
5 de seguro que allí se reúnen todos para ser uno solo,
no de improviso, sino unidos por un gusto, cada uno de una parte,
y como resultado  de su unión se difunden innúmeras estirpes de mortales.
Mas otros muchos permanecen sin mezclarse, aparte de los que estaban confundiéndose:
son aquellos a los que, desde lo alto, aún detiene Odio, pues no está aún irreprochablemente
10 consumando su retiro a los confines últimos de la orbe,
sino que en los miembros de éste partes suyas permanecen, partes se han marchado de ellos.
Y cuanto más terreno va cediendo sin cesar, tanto más va llegando sin cesar
el benévolo flujo inmortal de Amistad irreprochable.
Al punto tornan a nacer como mortales los que antes aprendieron a ser inmortales,
15 y a mezclarse lo que antes era puro, invertidos sus cambios.
Y como resultado de su unión se difunden innumeradas estirpes de mortales
ajustadas en todas clases de formas, maravilla de ver.

48 (96) Y a la tierra placentera, en sus crisoles de amplio pecho
dos partes de las ocho del resplandor de Nestis le tocaron,
y cuatro de Hefesto. Y resultaron blancos los huesos,
de maravilla ensamblados por ligaduras de Harmonía.

49 (34)  tras haber ligado harina y agua...

50 (57) Allí germinaron múltiples cabezas desprovistas de cuello
y desnudos vagaron brazos faltos de hombros
y ojos que iban errantes, mendigos de frentes.

51 (59)            Mas a medida que lo divino se unía más y más con lo divino,
los demás iban encontrándose donde cada uno se topaba  con el otro
á más de los muchos que junto a ellos sin cesar fueron naciendo.

52 (61)     Multitud de seres bifrontes y con doble pecho iban naciendo,
criaturas vacunas con humano rostro y viceversa,
humanas criaturas con cabezas vacunas, otras con mezclas de unas partes de varón
y otras de mujer, provistos de miembros sombríos.

53(62)      Y ahora, con respecto a los varones y a las mujeres plañideras,
cómo hizo nacer a sus vástagos nocturnos el fuego al separarse
óyemelo decir: pues mi relato no es desatinado ni ignorante.
Crecidos por completo iban surgiendo de la tierra, lo primero, figuras
poseedoras de la parte debida de agua y de calor;
era el fuego quien iba haciéndolas brotar, deseoso de alcanzar a su semejante.
No mostraban todavía el grácil porte de unos miembros
ni   voz, ni el habla peculiar del hombre.

54 (64)           Y le viene asimismo el deseo...

55 (66)           Los hendidos prados de Afrodita

56 (63)           En dos se divide en efecto la hechura de los miembros,
una parte en el cuerpo de los hombres (otra en el de las mujeres).

57 (65)           En las zonas puras se vertieron; unos a mujeres dan lugar,
al encontrarse con el frío.

58 (67)           En su parte más caliente, son varones los que le vientre engendra,
por ello son morenos y de miembros más robustos los varones
y también más velludos.

59 (68)          Al octavo mes, en el décimo día se vuelve blanco pus.

60 (71)         Por si tu convicción sobre tales asuntos resultara falta de madera,
cómo de agua, tierra, éter y sol al combinarse
surgieron formas y colores de los mortales seres
que ahora surgen, conformados por Afrodita.

61 (33)         Como cuando el cuajo traba la blanca leche con remaches y ataduras.


62 (73)         Cipris, entonces, una vez que hubo empapado tierra en lluvia,
entregó al raudo fuego, para fortalecerlas, las formas que con afán iba modelando.

63 (72)         Y cómo también los grandes árboles y los marinos peces

64 (77-78)      Crecieron árboles siempre verdes y de perenne fruto
con prodigalidad de frutos todo el año, gracias al aire.

65 (79)           Y así los grandes árboles ponen primero sus huevos de olivo.

66 (80)            Por eso son tardías las granadas y muy suculentas las manzanas.

67 (81)            El vino es agua del pellejo fermentada en madera.

68 (74)            Guía de la muchedumbre de prolíficos peces, ignorante del canto.

69 (76)             Eso se da en las conchas de apesantado lomo pobladoras del mar.
Y así en las caracolas y en las tortugas de piel como la piedra
Verás cómo la tierra mora en lo más alto de sus cuerpos.

70 (75)             Los que, de entre ellos, tienen formado lo de dentro consistente, lo de fuera flojo,
por haber logrado tal suerte de blandura por las manos de Cipris.

71 (82)              Vienen a ser la misma cosa cabellos, hojas, tupidas alas de aves
y escamas sobre miembros vigorosos.

72 (83)               En cambio, los erizos
puntiagudas cerdas se les erizan en sus lomos.

73 (89)                Hay efluvios de todo cuanto existe.

74 (91)                (El agua) con el vino es más afín, pero con el aceite
no quiere serlo.

75 (90)                De este modo lo dulce de lo dulce se adueñó, lo amargo saltó sobre lo amargo,
lo agrio hacia lo agrio se abocó, y lo caliente cabalgó a lo caliente.

76 (93)                 Con el lino se combina el centelleo del brillante azafrán.

77-78 (109-107)  Con tierra, pues, vemos la tierra, con agua el agua,
con éter el éter venerable, y con fuego, el fuego destructor;
asimismo el amor lo vemos con amor y la discordia con discordia miserable,
y es que todo se conforma por el ajuste de estas cosas;
con ellas piensan, se gozan y padecen.

79 (106)                Pues crece con lo que tiene ante sí la inteligencia de los hombres.

80 (108)           Y en la medida en que se tornan de diversa hechura, en cada caso le es dado concebir pensamientos diferentes.

81 (103)                 Así, por deseo de la fortuna, todas las cosas son capaces de pensar.

82 (104)                 Y en la medida en que las cosas más sutiles coincidieron en caer

83 (98)                   Y la tierra en cuantía casi igual coincidió con aquellos,
con Hefesto, con la lluvia y con el éter relumbrante,
anclada en los perfectos fondeaderos de Cipris,
bien un poco más, bien menos donde más había.
De ellos surgieron la sangre y las formas de diferente carne.

84 (85)                    Y la llama propicia consiguió por azar una parte pequeña de tierra.

85 (86)                    Con ellos conformó Afrodita los incansables ojos.

86 (87)                     Una vez que Afrodita los dotó con remaches de afecto.

87 (95)                      Cuando a lo primero en manos de Cipris se hicieron a la vez.

88 (84)                      Como cuando alguien piensa ponerse en camino se provee de una lámpara,
resplandor de ardiente fuego en noche borrascosa,
tras haberle acoplado linternas, a prueba de vendavales,
que dispersan el soplo de los vientos que sobre ella se abaten,
mientras que la luz salta fuera de ellas en tanto, que es más fina,
y refulge por el umbral con indomables rayos,
así también antaño, encerrado en las membranas, el fuego primigenio
dio origen a la redonda niña, con delicados tejidos,
que se hallan de parte a parte atravesados por maravillosos conductos.
10 Estos la protegen de la profundidad del agua que corre en redor suyo,
pero el fuego pasa a su través, en tanto que es más fino.

89 (88)                         Una sola resulta de ambos la visión.

90 (94)                         En el fondo de un río surge de la forma el color negro
que también puede verse en las grutas cavernosas.

91 (100)                       Y así es como todos inspiran y espiran. Hay en todos, escasos de sangre,
unos tubos de carne que se extienden por el confín del cuerpo.
Sobre sus bocas se encuentra, horadad por apretados orificios,
La superficie más externa de la piel, de parte a parte, de suerte que a la sangre
5 la guardan, más al éter le queda vía libre abierta para el paso.
Así que, cuando la tierna sangre se retira,
irrumpe el éter borbotando en furiosa oleada,
mas cuando salta aquella hacia arriba, el animal espira. Lo mismo que una niña
que con una pipeta de broce refulgente está jugando:
10 cuando, con la boca del tubo puesta sobre su grácil mano,
la baña en el tierno cuerpo del agua que luce como plata,
en la vasija no penetra lluvia alguna, sino que se lo impide
la masa de aire que se abate desde dentro sobre los apretados orificios,
hasta que abre ella la tapa a la apretada corriente. Y es entonces
15 cuando penetra, al flanquear el aire, agua en la debida cantidad.
De igual modo, cuando ocupa las entrañas del bronce,
Y el cuerpo mortal sirve de dique a la boca o al paso,
El éter exterior, ansioso por entrar, mantiene la lluvia constreñida
Junto a las puertas del disonante colador, dueño de la superficie,
20 hasta que afloja ella su mano. Y es entonces, al contrario que antes,
con la invasión del aire, cuando el agua se escabulle en la debida cantidad.
Del mismo modo, cuando la tierna sangre se agita por los miembros
se bate en retirada hacia sus escondrijos,
al punto la corriente del éter se bate embravecida en oleada,
25    mas cuando aquella salta hacia arriba, hay otra vez espiración en cantidad igual.

92 (101)                que rastrean con sus hocicos los residuos de miembros de fieras
que de sus pesuñas habían ido dejando sobre la hierba tierna.

93 (102)                 De este modo están las cosas todas dotadas de hálito y de olores.

94 (105)                 que se nutre de mares de la sangre que corre en opuestas direcciones.
Allí se asienta en mayor grado lo que los hombres suelen llamar entendimiento
-porque el entendimiento es en los hombres la sangre de en torno al corazón-.

95 (132)                  Dichoso el que logró un tesoro de pensamientos divinos,
e infortunado aquel a quien tan sólo le interesa una oscura opinión sobre los dioses.

96 (134)                   No es factible acercarlo a nuestros ojos
ni tomarlo en nuestras manos –allí donde es más ancha
la vía de la persuasión que desemboca en la inteligencia de los hombres.

97 (134)                  Y es que ni a sus miembros los corona una cabeza humana
ni se alzan dos ramas de su espalda,
ni tiene pies, ni tiene rodillas, ni peludas vergüenzas,
sino que es sólo augusta, indescriptible inteligencia
que recorre el universo todo con pensamientos raudos.

98 (27a)                  No hay discordia ni lucha fatal entre sus miembros.

99 (129)                 Había entre ellos un varón de saber poco corriente,
que había logrado un inmenso caudal de pensamientos
y poseía el máximo dominio de los más varios conocimientos prácticos,
pus cuando desplegaba sus pensamientos todos,
5        fácilmente alcanzaba su mirada todas de cuantas cosas hay
en diez o incluso en veinte generaciones de hombres.

100 (110)            Pues si las fijas bajo tus densos pensamientos
y benévolamente las observas con solicitud inmaculada,
todas ellas te asistirán la vida entera
y otras muchas obtendrás gracias a ellas, pues hacen crecer
5 a cada una en el carácter, según la hechura de cada una.
Mas si tú anhelas otras cosas de las que entre los hombres
hay a millares, vilezas que embotan las meditaciones,
ten a seguro que a prisa te abandonarán con el curso del tiempo,
porque añoran retornar al origen que les es propio.
10 Ten pues presente que todas las cosas poseen inteligencia y la debida parte de cordura.

101 (111)            Cuantos remedios hay contra los males y un refugio contra la vejez
vas a aprenderlos, pues sólo para ti daré término a todo esto.
Harás cesar la furia de los vientos incansables que por cima de la tierra
Se abaten y arruinan con sus soplos los sembrados.
5 Y a tu vez, si lo deseas, suscitarás compensadoras brisas
y dispondrás tras la lúgubre lluvia un tiempo seco bienvenido
para los hombres, y dispondrás también, después de la sequía veraniega,
fluidos que moran en el éter, alimento de árboles,
y sacarás del Hades el vigor de un varón fallecido.


Traducción del griego de Alberto Bernabé
en Filósofos presocráticos 
Madrid, Alianza Editorial, 1988