Con
el ojo también se juega
Por Hugo Petruschansky
A partir del
simple molinillo de café de 1911, se
sucederá una gran cantidad de obras con imágenes de máquinas, gráficos con
utópicos instrumentos de movimiento y dispositivos mecánicos que irán
conformando un corpus de obra, del mismo modo que Rueda de bicicleta, de 1913, inicia la curiosa atracción por la
imagen del círculo que gira sobre su propio eje.
Las notas
recopiladas À l’infinit (caja
blanca), revelan un temprano interés por la geometría y las matemáticas (había
leído Henri Poincaré, Pascal Jouffret y G. B. F. Reimann), y por los estudios
renacentistas de perspectiva que tiene ocasión de estudiar a fondo mientras
trabaja en la biblioteca en París. De esa época también datan sus
investigaciones en torno de la visión, y de la tercera y cuarta dimensión,
aunque ese interés no le impide tomarse la ciencia en broma: “debemos aceptar
las llamadas leyes de la ciencia porque nos hacen la vida más cómoda, pero eso
no presupone nada por lo que se refiere a su validez. Puede que todo esto no
sea más que una ilusión. (…) la palabra “ley2 va en contra de mis principios.
(…) y como no entiendo por qué hay que reverenciar tanto a la ciencia, tuve que
buscar otra especie de seudoexplicación”. Esa intención de desacralizar aparece
claramente en el gesto liberador de 3
stoppages étalon (1913-19149 que dan “una nueva figura de la longitud”. De
esta manera, Duchamp cuestiona la unidad de longitud establecida –el metro
patrón de platino-, declarando que los “3
stoppages éstalon son el metro disminuido”. Mientas establece que el azar
es “su” ley, crea “una duda patafísica
sobre el concepto según el cual la recta es el camino más corto entre dos
puntos”. En el Gran Vidrio, en
cambio Duchamp trabaja con diferentes sistemas de perspectiva, alternando el
concepto tradicional de representación espacial.
La tracción de
Duchamp por el movimiento lo lleva a incursionar en la realización
cinematográfica. Con una cámara de cine portátil comprada por Katherine Dreier,
realiza su primer experiencia acompañado por Man Ray, quien consigue una
segunda cámara para rodar simultáneamente y así obtener una película en tres
dimensiones. El argumento era la baronesa Von Freytag Loringhoven afeitándose
el vello púbico. La experiencia estuvo a punto de fracasar debido a
inconvenientes en el revelado, del que sólo se salvaron dos pequeños fragmentos
de película que al proyectarse daban el efecto estereoscópico esperado. Estas
experiencias estereoscópicas surgen de su interés por el pasaje de la visión
plana, dad por un solo punto de vista, a la visión binocular y la consecuente
sensación de relieve, de espacio, que además se relaciona con la cuestión de la
proyección espacial. En esta búsqueda del relieve, que se efectúa sin abandonar
la superficie, Duchamp produce una suerte de objetos fractales. Años antes,
durante su estadía en Buenos Aires, Había incursionado en los efectos
estereoscópicos con su obra Stéréocopie
à la main (Estereoscopia a la mano). Su primer experimento óptico consiste
en dos fotos que reproducen un paisaje marino sobre las que dibuja formas
geométricas, de modo tal que la imagen vista a través del estereoscopio da por
resultado la ilusión de una pirámide flotante sobre el agua. Su estudio sobre
vidrio de 1918 Para mirar… incluye
asimismo figuras que aluden a su preocupación por los fenómenos ópticos, como
la ya mencionada lupa pegada a la superficie o la pirámide, que ocupa la parte
superior, o la intervención de un juego de líneas de colores que provocan la
sensación óptica de un objeto tridimensional.
Con la
colaboración de Man Ray – quien registra
fotográficamente la experiencia -, en 1920 Duchamp construye su primera máquina
óptica: Rotative Glass Plaques (Precision Optics), una pequeña construcción que
constaba de cinco placas rectangulares de vidrio de diferentes medidas pintadas
con una serie de líneas negras curvas regulares en sus extremos, conectadas por
un eje central entre sí y a un motor que las hacía girar. Esto permitiría al
espectador, ubicado a una distancia de un metro, ver las líneas pintadas en los
discos como una serie de círculos concéntricos.
Hacia fines de
1925, en París nuevamente y junto a Man Ray, realiza Anémic Cinema, una
animación de nueve calambures de Rrose Sélavy. “En vez de fabricar una máquina
que gira como lo había hecho en Nueva York, me dije, por qué no hacer un film.
Eso sería más fácil. La cosa no me interesó por hacer cine como tal, se trataba
de un modo más práctico para llegar a resultados ópticos”. El film de siete
minutos, estrenado en una sala privada de París y rodado en el estudio de Man
Ray con la operación técnica de Marc Allégret, fue netamente óptico y
experimental. Las frases, escritas en letras blancas, estaban dispuestas sobre
discos negros de cartón de 30 cm de diámetro, formando una espiral que, al
girar lentamente, se alternaba con imágenes de sus diez dibujos abstractos,
provocando una cadenciosa sensación de avance y retroceso. Duchamp diría:
“Cuando la gente dice que hice películas, yo respondo que no, que era un método
conveniente de logra lo que quería. Por otro lado, las películas eran
divertidas. El trabajo se hacía milímetro a milímetro (…); filmamos imagen. Nos
llevó dos semanas (…)”.
En 1925, a
instancias de Jaques Doucet, quien hizo cargo de los costos, y ayudado por un
ingeniero, Duchamp realiza la máquina óptica: Rotative demi-sphere (Optique de précision) (Semiesfera rotativa
[Óptica de precisión]). Una semiesfera de madera blanca con círculos
concéntricos negros pintados, y montada sobre un disco de terciopelo negro que,
al girar por la acción de un pequeño motor, generaba la sensación de que los
círculos avanzaban y retrocedían, creando una hipnótica ilusión de espacio y
profundidad. Grabado en el borde del disco puede leerse. “Rrose Sélavy et moi esquivons les ecchymoses des esquimax aux mots
esquís”.
Durante 1935 produce
su Rotoreliefs (Rotorrelieves) en
una edición de 500 ejemplares que presenta por primera vez en el Salón Anual de
Inventores de París, sn el éxito comercial que esperaba. Estos discos, con
dibujos de círculos descentrados y elipses, son cartones impresos en ambos
lados pensados para ser colocados en cualquier tocadiscos e inspirados en las
imágenes espiraladas de su Anémic Cinéma. Giraban sobre un eje de modo
tal que el observador pudiera apreciar los efectos de la ilusión del volumen y
profundidad producidos por las formas en movimiento. Los Rotorrelieves aparecen
en la secuencia que corresponde a Duchamp del film de Hans Richter Dreams That Money Can Buy y en el film
de Jean Cocteau, The Blood of a Poet,
de 1930. En una carta Katherine Dreier –a quien
trataba de involucrar en el proyecto para promocionar en Nueva York-, Duchamp
le comenta que unos científicos parisinos opinaban que ese juguete óptico podría ser utilizado en ciertos tipos de terapia.
Con renovado
interés por los juegos ópticos, unos meses más tarde diseña para la tapa de los
dos primeros números de la revista Cahier d’Art del año 1936 un collage de
corazones alternando azules y rojos, al que titula Coeurs volants
(Corazones coladores), aludiendo a la ilusión óptica conocida en Francia con
ese nombre. La yuxtaposición de colores muy contrastantes hace que la imagen
parezca desprenderse del fondo. En esa misma publicación, se incluía un
importante artículo sobre sus trabajos ópticos escritos por Gabrielle Buffet
Picabia.
Marcel
Duchamp: Vida y Obra (fragmento)
Catálogo de la
exposición Una obra que no es una obra “de
arte”
Fundación Proa
– Buenos Aires (2008)
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