martes, 30 de abril de 2013


Con el ojo también se juega
Por Hugo Petruschansky

A partir del simple molinillo de café de 1911, se sucederá una gran cantidad de obras con imágenes de máquinas, gráficos con utópicos instrumentos de movimiento y dispositivos mecánicos que irán conformando un corpus de obra, del mismo modo que Rueda de bicicleta, de 1913, inicia la curiosa atracción por la imagen del círculo que gira sobre su propio eje.
Las notas recopiladas À l’infinit (caja blanca), revelan un temprano interés por la geometría y las matemáticas (había leído Henri Poincaré, Pascal Jouffret y G. B. F. Reimann), y por los estudios renacentistas de perspectiva que tiene ocasión de estudiar a fondo mientras trabaja en la biblioteca en París. De esa época también datan sus investigaciones en torno de la visión, y de la tercera y cuarta dimensión, aunque ese interés no le impide tomarse la ciencia en broma: “debemos aceptar las llamadas leyes de la ciencia porque nos hacen la vida más cómoda, pero eso no presupone nada por lo que se refiere a su validez. Puede que todo esto no sea más que una ilusión. (…) la palabra “ley2 va en contra de mis principios. (…) y como no entiendo por qué hay que reverenciar tanto a la ciencia, tuve que buscar otra especie de seudoexplicación”. Esa intención de desacralizar aparece claramente en el gesto liberador de 3 stoppages étalon (1913-19149 que dan “una nueva figura de la longitud”. De esta manera, Duchamp cuestiona la unidad de longitud establecida –el metro patrón de platino-, declarando que los “3 stoppages éstalon son el metro disminuido”. Mientas establece que el azar es “su” ley, crea  “una duda patafísica sobre el concepto según el cual la recta es el camino más corto entre dos puntos”. En el Gran Vidrio, en cambio Duchamp trabaja con diferentes sistemas de perspectiva, alternando el concepto tradicional de representación espacial.
La tracción de Duchamp por el movimiento lo lleva a incursionar en la realización cinematográfica. Con una cámara de cine portátil comprada por Katherine Dreier, realiza su primer experiencia acompañado por Man Ray, quien consigue una segunda cámara para rodar simultáneamente y así obtener una película en tres dimensiones. El argumento era la baronesa Von Freytag Loringhoven afeitándose el vello púbico. La experiencia estuvo a punto de fracasar debido a inconvenientes en el revelado, del que sólo se salvaron dos pequeños fragmentos de película que al proyectarse daban el efecto estereoscópico esperado. Estas experiencias estereoscópicas surgen de su interés por el pasaje de la visión plana, dad por un solo punto de vista, a la visión binocular y la consecuente sensación de relieve, de espacio, que además se relaciona con la cuestión de la proyección espacial. En esta búsqueda del relieve, que se efectúa sin abandonar la superficie, Duchamp produce una suerte de objetos fractales. Años antes, durante su estadía en Buenos Aires, Había incursionado en los efectos estereoscópicos con su obra Stéréocopie à la main (Estereoscopia a la mano). Su primer experimento óptico consiste en dos fotos que reproducen un paisaje marino sobre las que dibuja formas geométricas, de modo tal que la imagen vista a través del estereoscopio da por resultado la ilusión de una pirámide flotante sobre el agua. Su estudio sobre vidrio de 1918 Para mirar… incluye asimismo figuras que aluden a su preocupación por los fenómenos ópticos, como la ya mencionada lupa pegada a la superficie o la pirámide, que ocupa la parte superior, o la intervención de un juego de líneas de colores que provocan la sensación óptica de un objeto tridimensional.
Con la colaboración  de Man Ray – quien registra fotográficamente la experiencia -, en 1920 Duchamp construye su primera máquina óptica: Rotative Glass Plaques (Precision Optics), una pequeña construcción que constaba de cinco placas rectangulares de vidrio de diferentes medidas pintadas con una serie de líneas negras curvas regulares en sus extremos, conectadas por un eje central entre sí y a un motor que las hacía girar. Esto permitiría al espectador, ubicado a una distancia de un metro, ver las líneas pintadas en los discos como una serie de círculos concéntricos.
Hacia fines de 1925, en París nuevamente y junto a Man Ray, realiza Anémic Cinema, una animación de nueve calambures de Rrose Sélavy. “En vez de fabricar una máquina que gira como lo había hecho en Nueva York, me dije, por qué no hacer un film. Eso sería más fácil. La cosa no me interesó por hacer cine como tal, se trataba de un modo más práctico para llegar a resultados ópticos”. El film de siete minutos, estrenado en una sala privada de París y rodado en el estudio de Man Ray con la operación técnica de Marc Allégret, fue netamente óptico y experimental. Las frases, escritas en letras blancas, estaban dispuestas sobre discos negros de cartón de 30 cm de diámetro, formando una espiral que, al girar lentamente, se alternaba con imágenes de sus diez dibujos abstractos, provocando una cadenciosa sensación de avance y retroceso. Duchamp diría: “Cuando la gente dice que hice películas, yo respondo que no, que era un método conveniente de logra lo que quería. Por otro lado, las películas eran divertidas. El trabajo se hacía milímetro a milímetro (…); filmamos imagen. Nos llevó dos semanas (…)”.
En 1925, a instancias de Jaques Doucet, quien hizo cargo de los costos, y ayudado por un ingeniero, Duchamp realiza la máquina óptica: Rotative demi-sphere (Optique de précision) (Semiesfera rotativa [Óptica de precisión]). Una semiesfera de madera blanca con círculos concéntricos negros pintados, y montada sobre un disco de terciopelo negro que, al girar por la acción de un pequeño motor, generaba la sensación de que los círculos avanzaban y retrocedían, creando una hipnótica ilusión de espacio y profundidad. Grabado en el borde del disco puede leerse. “Rrose Sélavy et moi esquivons les ecchymoses des esquimax aux mots esquís”.
Durante 1935 produce su Rotoreliefs (Rotorrelieves) en una edición de 500 ejemplares que presenta por primera vez en el Salón Anual de Inventores de París, sn el éxito comercial que esperaba. Estos discos, con dibujos de círculos descentrados y elipses, son cartones impresos en ambos lados pensados para ser colocados en cualquier tocadiscos e inspirados en las imágenes espiraladas de su Anémic Cinéma. Giraban sobre un eje de modo tal que el observador pudiera apreciar los efectos de la ilusión del volumen y profundidad producidos por las formas en movimiento. Los Rotorrelieves aparecen en la secuencia que corresponde a Duchamp del film de Hans Richter Dreams That Money Can Buy y en el film de Jean Cocteau, The Blood of a Poet, de 1930. En una carta Katherine Dreier –a quien trataba de involucrar en el proyecto para promocionar en Nueva York-, Duchamp le comenta que unos científicos parisinos opinaban que ese juguete óptico podría ser utilizado en ciertos tipos de terapia.
Con renovado interés por los juegos ópticos, unos meses más tarde diseña para la tapa de los dos primeros números de la revista Cahier d’Art del año 1936 un collage de corazones alternando azules y rojos, al que titula Coeurs volants (Corazones coladores), aludiendo a la ilusión óptica conocida en Francia con ese nombre. La yuxtaposición de colores muy contrastantes hace que la imagen parezca desprenderse del fondo. En esa misma publicación, se incluía un importante artículo sobre sus trabajos ópticos escritos por Gabrielle Buffet Picabia.

Marcel Duchamp: Vida y Obra (fragmento)
Catálogo de la exposición Una obra que no es una obra “de arte”
Fundación Proa – Buenos Aires (2008)



































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