martes, 30 de abril de 2013


A propósito de los “ready-mades”

Marcel Duchamp

En 1913 tuve la feliz idea de fijar una rueda de bicicleta sobre un taburete de cocina y mirar cómo giraba.
Unos meses más tarde compré una reproducción barata de un paisaje de atardecer invernal, que llamé “Farmacia” tras haberle añadido dos breves toques, uno rojo y el otro amarillo, al horizonte.
En Nueva York, en 1915, compré en una quincallería una pala de nieve sobre la que escribí: “En previsión de brazo roto” (In adavence of the briken arm).
Fue por esa época cuando se me ocurrió la palabra “ready-made” para designar esta forma de manifestación.
Hay un punto que quiero establecer muy claramente y es que la elección de estos ready-mades nunca me vino dictada por ningún deleite estético. Esta elección se basaba en una reacción de indiferencia visual, adecuada simultáneamente a una ausencia total de buen o mal gusto… de hecho una anestesia completa.
Una característica importante: la breve frase que en cada ocasión inscribía en el ready – mades.
Esta frase, en lugar de describir el objeto como lo hubiese hecho un título, estaba destinada a transportar la mente del espectador hacia otras regiones más verbales. A veces añadía un detalle gráfico de presentación: llamaba a eso para satisfacer mi tendencia a las aliteraciones, “ready-made ayudado” (“ready – made arded”).
Otra vez, queriendo subrayar la antinomia fundamental que existe entre el arte y los ready-mades, imaginé un “ready-made recíproco”: ¡utilizar un Rembrandt como tabla de planchar!
No tardé en darme cuenta del peligro que podía haber en usar sin discriminación esta forma de expresión y decidí limitar la producción de los ready-mades a una pequeña cantidad cada año. Comprendí por esa época que, para un espectador más aún para el artista, el arte es una droga de hábito y quise proteger mis ready-mades contra una contaminación de tal género.  
Otro aspecto del ready-mades es que no tiene nada de único… la réplica de un ready- mades transmite mensaje; de hecho casi todos los ready-mades que hoy existen no son originales en el sentido usual del término.
Una última observación para concluir este discurso de egomaníaco: del mismo modo que los tubos de pintura empleados por el artista son productos manufacturados y ya hechos, debemos concluir que todas las telas del mundo son ready-mades ayudados y trabajos de acoplamiento.

Nombres – Revista de Filosofía 
Año VI Nº 7- Córdoba - Abril de 1996


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